Impacto del ejercicio cardiorrespiratorio

Publicado el 19 noviembre, 2010 | Research

El corazón, la presión arterial, el árbol vascular, y las vías respiratorias trabajan integralmente con los músculos

Las células musculares obtienen la energía que necesitan para su contracción a través de dos mecanismos: el anaeróbico y el aeróbico. El mecanismo anaeróbico, que proporciona la obtención de energía sin el consumo de oxígeno, aunque sea el primero a ser activado, es muy breve ya que las células musculares agotan sus reservas después de pocos minutos. Sin embargo, el mecanismo anaeróbico es fundamental cuando se realiza un esfuerzo muscular intenso y breve, como en la halterofilia.

Por otro lado, en el mecanismo aeróbico, las células musculares obtienen energía a partir de la utilización del oxígeno que absorben de la circulación sanguínea, originando un residuo; el dióxido de carbono, que pasa hacia la sangre de forma a ser eliminada a través de los pulmones. El mecanismo aeróbico, al contrario del anaeróbico, sólo es activado cerca de 40 segundos después del inicio del ejercicio físico en que predominan los esfuerzos muy prolongados o de resistencia. Ejemplos de este tipo de ejercicio físico son las caminatas, la natación o el ciclismo.

Adaptación al ejercicio

Las fibras musculares acostumbran disponer del suplemento de oxígeno necesario para su actividad, 40 segundos después del inicio del ejercicio físico gracias a una serie de alteraciones producidas en el funcionamiento del aparato cardiorrespiratorio. Este conjunto de alteraciones, controlado por el sistema nervioso autónomo y mediado por varias hormonas, es precisamente denominado «adaptación cardiorrespiratoria al ejercicio físico«. Más allá de esto, este fenómeno necesita de un mayor flujo de oxígeno desde las vías respiratorias hasta a los músculos esqueléticos y, también, de un mayor índice de eliminación de dióxido de carbono en el sentido inverso.

El corazón

La primera alteración corresponde al aumento de la cantidad de sangre bombeado por el corazón hacia el aparato vascular. En reposo, la cantidad de sangre impulsada por minuto por el corazón, o débito cardíaco, ronda los 5, mientras que durante un ejercicio físico puede alcanzar los 10 o 20.

El débito cardíaco es originado por el volumen sistólico, o sea, la cantidad de sangre expulsada por el ventrículo izquierdo durante cada contracción, y por la frecuencia cardíaca, o sea, la cantidad de latidos cardíacos por minuto.

  • Dado que el corazón de las personas de fuerte constitución física acostumbra ser más voluminoso y fuerte, el aumento del débito cardíaco se realiza básicamente a través del aumento del volumen sistólico.
  • Por otro lado, entre las personas menos fuertes físicamente, este proceso es fundamentalmente provocado por un aumento de la frecuencia cardíaca, que en estos casos puede llegar a los 160 o 200 latidos por minuto, mientras que en reposo se sitúa entre los 70 y los 80 latidos.

Presión arterial

El aumento del volumen de sangre expulsada por el ventrículo izquierdo tiene repercusiones en las grandes arterias, ya que el hecho de que sus paredes sean sometidas a una mayor presión proporciona otra de las alteraciones consecuentes de la adaptación cardiorrespiratoria al ejercicio físico, o sea, el aumento de la presión arterial máxima, la cual en reposo se sitúa alrededor de los 120 mm/Hg y que, durante un ejercicio físico, puede subir hasta a los 160 o más. Por esta misma razón, es aconsejable que los hipertensos no inicien cualquier práctica deportiva sin consultar de entrada su médico asistente, que los deberá orientar en este ámbito.

El árbol vascular

Otra alteración esencial de la adaptación cardiorrespiratoria al ejercicio físico es la redistribuición del flujo sanguíneo corporal. Este mecanismo, producido a través de la dilatación y contracción de las artérias de los varios órganos, tiene la misión de aumentar el transporte de oxígeno a los tejidos sometidos al mayor esfuerzo, en este caso los músculos esqueléticos y el propio corazón, reducen por otro lado la asimilación de oxígeno de los tejidos que no intervienen en el ejercicio físico.

Como es obvio, se debe mantener el flujo sanguíneo de los órganos vitales, como el cerebro, y también aumentar el de la piel para que el organismo pierda el exceso de calor provocado por la actividad muscular, o lo de los riñones de modo a permitir la eliminación del exceso de agua y de residuos metabólicos consecuentes de esa misma actividad.

Vías respiratorias

Otra parte importante de la adaptación cardiorrespiratoria al ejercicio físico corresponde a las vías respiratorias, que también alteran su funcionamiento de forma a garantizar una mayor entrada de oxígeno hacia los pulmones y una mayor eliminación de dióxido de carbono hacia el exterior, aumentando la frecuencia respiratoria y los intercambios gaseosos en los alveolos pulmonares.

Músculos

Esta adaptación cardiorrespiratoria acostumbra ser, durante el ejercicio físico, a ser acompañada por el aumento de la capacidad de absorción de oxígeno de las células musculares a partir de la circulación sanguínea y del ritmo de eliminación de dióxido de carbono en el sentido inverso.

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